Jesús Dávila (NCM, especial para ARGENPRESS.info)
Treinta peritos de Estados Unidos encabezan el ejército de casi 400 agentes policiales que tratan de dar con las causas del incendio en un depósito de combustible propiedad de un empresario sindicado en Israel por vínculos con la mafia rusa, en el que ardieron cerca de dos millones de barriles de hidrocarburos durante 60 horas en plena zona metropolitana.
El siniestro se desató apenas una semana después de que uno de los principales ejecutivos de la Caribbean Petroleum Corporation (CAPECO) -cuyo socio mayoritario es el empresario Gad Zeevi y representa en Puerto Rico a la petrolera Gulf- le asegurara a un grupo de visitantes distinguidos que la instalación contaba con la mejor tecnología de seguridad, según le informó a NCM Noticias uno de los presentes.
La supuesta tecnología de protección se redujo a que cerca de la medianoche del jueves los trabajadores lograron huir cuando se percataron del sobrecalentamiento que presagiaba la explosión de los tanques, según fuentes con acceso a los testigos. En el centro de mando unificado que se estableció para la emergencia, los functionaries del Gobierno indicaron el viernes y el sábado que CAPECO nunca les entregó la documentación sobre la totalidad de combustible almacenado y tampoco se pudo precisar los datos sobre las inspecciones de seguridad, aunque ya el domingo se indicó que la empresa ofreció cooperar con los peritos a cargo de la pesquisa.
Los peritos, 15 del Buró Federal de Investigaciones y los otros 15 de la Agencia de Alcohol, Tabaco y Armas de Fuego, llegaron de Washington el sábado en la noche e hicieron la primera inspección ocular de la escena el domingo a las 11:30 de la mañana, tan pronto más de 300 bomberos de Puerto Rico -civiles y militares- lograron extinguir la última llamarada.
El fuego había afectado 21 de los 40 tanques de CAPECO desde el viernes a las 12:20 de la madrugada, cuando un estallido que marcó 2.8 en los sismógrafos hizo despertar sobresaltada a buena parte de la población.
La columna de humo tóxico, por la mezcla de gasolina, combustible de aviones, diesel y aceite residual, se levantó a miles de metros de altura y mantenía su amenaza el viernes y el sábado mientras el Gobierno hizo preparativos para refugiar hasta 30,000 personas de zonas aledañas. Al final sólo hubo que desalojar de sus hogares a poco más de 600 vecinos y trasladar a 2,800 presos de la cárcel regional, que ubica a corta distancia de la instalación petrolera.
Durante las sesenta horas que duró la emergencia, el país fue testigo y participe de una movilización sin precedentes de fuerzas del orden, agencias gubernamentales y grupos privados para contener las llamas y dar asistencia de todo tipo. Inclusive se construyó una carretera para dar acceso a una de las zonas afectadas, se instaló una tubería de cientos de metros para sacar agua de la bahía y hasta un túnel para que esa línea de conducción de agua pasara por debajo de una autopista.
Ya casi al final de la jornada, CAPECO trajo de Texas a peritos en incendios petroleros de la empresa Boots & Coots, con experiencia en los incendios petroleros en la Guerra del Golfo y la invasión de Irak. Sin embargo, cuando llegaron a la escena, ya los puertorriqueños prácticamente habían concluido el trabajo.
Poco después del mediodía del domingo, un agente del FBI tomó la primera foto desde un avión que sobrevoló la zona y en la que se ve toda la destrucción causada por las llamas, con los daños mayores en el norte del depósito y cómo el fuego aparenta haberse extendido hasta el área central de la instalación.
Las autoridades han evitado en todo momento hacer comentarios que puedan prejuzgar la pesquisa y han advertido que no pueden decir si se trató de un incendio accidental o premeditado. En la escena trabajarán expertos en químicos, incendio, explosivos y seguridad de los denominados “Evidence Recovery Teams”, mientras cerca de 200 agentes de Puerto Rico y otros tantos de agencies de EEUU llevan varios días entrevistando testigos y siguiendo todo tipo de pistas hasta el punto de que se han instalado líneas de teléfonos y una dirección de internet para recibir confidencias.
Fuese accidental o premeditado, el incendio de CAPECO parece haber cerrado los capítulos postreros del esfuerzo iniciado a mediados de los años sesenta, cuando la institucionalidad del país soñó con convertir a Puerto Rico en una potencia petroquímica de escala mundial. Por aquellos años se levantaron refinerías como la CORCO en la costa sur, que hoy es un cementerio de torres y tuberías mohosas.
La propia CAPECO fue una vez la refinería más importante de la costa norte para suplir combustible a las plantas generatrices de electricidad y gasolina al siempre creciente mecado de automóviles. La refinería cesó en 1995 y ya en 2001 había pedido la protección del tribunal federal de quiebras de Delaware.
Durante sus últimos años, la suerte de CAPECO ha estado vinculada a las venturas -o más bien desventuras- de Zeevi, quien puso a su hijo Ram como gerente general. Por esos años, el escándalo por las acusaciones contra Zeevi estremecieron la banca de Israel, al alegarse que blanqueó cientos de millones de dólares de la mafia rusa para adquirir mediante fraude y documentos falsos una empresa de comunicaciones.
Ni Zeevi ni su hijo Ram se han presentado en las dos ruedas de prensa en las que empleados de menor jerarquía han hecho lo possible por apaciguar los punzantes interrogatorios de la prensa nacional.
No ha faltado quien exprese el temor de que el incendio pueda tener que ver con la tensión social por la oposición de sindicatos y otros sectores -desde la Iglesia hasta los grupos comunales- al despido de decenas de miles de trabajadores del Estado, la privatización y los planes de invertir miles de millones de dólares en proyectos conjuntos con inversionistas privados.